Café y filosofía: los curiosos hábitos de Kierkegaard y Voltaire
Ya exploramos en una entrada anterior cómo grandes músicos como Beethoven o Bach eran amantes del café. En esta ocasión, seguimos descubriendo la historia de esta bebida tan universal, esta vez de la mano de dos figuras fundamentales del pensamiento occidental. Porque si algo ha demostrado el café a lo largo de los siglos, es que no solo despierta el cuerpo… también despierta las ideas. Hoy hablamos de filósofos y café: Kierkegaard y Voltaire.
Søren Kierkegaard: café, azúcar y pensamiento existencial
Søren Kierkegaard, el gran filósofo danés del siglo XIX y precursor del existencialismo, no solo dejó una huella profunda en la historia del pensamiento, sino también una anécdota inolvidable en la historia del café. Su forma de tomarlo era, como él mismo, absolutamente singular.
Cada mañana, Kierkegaard llenaba una taza con azúcar hasta el borde, y luego vertía café negro sobre ella. El resultado era una especie de pasta espesa y extremadamente dulce. Según él, esta mezcla le ayudaba a pensar mejor, como si esa carga de energía y dulzor le impulsara a profundizar en los temas más complejos: la libertad, la fe, la angustia o el sentido de la vida.
Su ritual, lejos de ser un simple capricho, era parte esencial de su rutina intelectual. Una demostración de que, incluso en los hábitos más cotidianos, puede esconderse la chispa de la genialidad.
Voltaire: un maratón diario de café (y chocolate)
Voltaire, uno de los máximos exponentes de la Ilustración francesa, fue también un gran amante del café. Y cuando decimos “gran amante”, no exageramos: se estima que bebía entre 40 y 50 tazas al día, muchas de ellas combinadas con chocolate caliente.
A pesar de las advertencias de sus médicos sobre los posibles efectos negativos de ese consumo excesivo, Voltaire no abandonó su hábito. Y lo cierto es que vivió hasta los 83 años, una edad más que notable para la época.
Decía que el café lo mantenía despierto, lúcido y con el ingenio afilado. Tal vez el secreto de su productividad —escribió miles de cartas, obras filosóficas, ensayos y novelas— estuviera en cada sorbo que daba a lo largo del día.
Café e ideas: una conexión eterna Los hábitos de Kierkegaard y Voltaire nos recuerdan que el café ha sido mucho más que una bebida: ha sido un compañero inseparable del pensamiento. Desde Cafés La Brasileña, nos encanta recuperar estas historias que muestran cómo, a lo largo del tiempo, una simple taza ha sido el punto de partida para grandes ideas.